dissabte, 25 de juny de 2011

La delicadeza

David Foenkinos
Seix Barral

Lo reconozco. Compré este libro por su faja publicitaria: «La novela de los diez premios». Si un libro es capaz de haber ganado diez y haber llegado, además, a finalista de los premios literarios más prestigiosos de Francia, es que algo tiene. Y quería saber qué era ese algo que había cautivado a tantos lectores.

Empecé a leerlo y me lo tragué en un santiamén. Y mientras leía me preguntaba qué era eso maravilloso que tenía ese libro y que no aparecía por ninguna parte: ninguna gran historia, no frases rimbombantes, sin filosofías vanguardistas ni pensamientos profundos. Una historia simple, lineal, con personajes de lo más común (antihéroes anodinos a los que nadie ve y a los que a nadie le importan). Ah, sí, está escrita en un estilo peculiar que nos da información dispar de los personajes, datos extras que ayudan a dibujar los caracteres y que deberían formar parte más de las notas del autor que del texto íntegro del relato. Ah, y ese sentido del humor, esa fina habilidad para tratar de forma desdramatizada los pequeños detalles del día a día, todo tan cotidiano, pequeños dramas que hubieran podido describirse desde el dolor y el sufrimiento y que, sin embargo, se nos cuentan con un cierto aire festivo.

Entonces me di cuenta de que, además de la faja publicitaria, me había llamado la atención su título: La delicadeza. Exacto. Éste es el sentimiento que transpira la novela y eso es lo que nos cautiva. La delicadeza. La naturalidad. La frescura. La sutileza. Es un libro sencillo que nos hace sentir bien porque está escrito con exquisita delicadeza, algo que, en este mundo deshumanizado, empieza a ser un extraño tesoro.

Algo está cambiando. Ahora ya estoy segura. Algo está cambiando y el cambio se produce en la dirección correcta. Nathalie es una mujer guapísima y afortunada que lo tiene todo: está casada, vive feliz y tiene un buen trabajo. Inesperadamente su marido muere. Para huir del sufrimiento, Nathalie se vuelca en el trabajo. Allí hay quien la pretende y hay quien la ve como algo inalcanzable: demasiado guapa, demasiado eficiente, demasiado perfecta. ¿Qué va a suceder? No os cuento el desenlace, pero me encanta que Nathalie no valore al prototipo de milhombres ejecutivo conquistador y arrolladoramente exitoso. Ni trayectoria profesional, ni prestigio, ni eficacia, ni estrategias, ni puñetas. Nathalie elige las sonrisas, las conversaciones y la ternura.

Eso es exactamente lo que tiene este libro. Marca un nuevo modo de operar y de reaccionar ante la vida. Un nuevo paradigma de valores. Y lo hace sin necesidad de moralizar. Sin ponerse serio. Lo hace desde la sencillez (que no significa simplicidad). Y eso es exactamente lo que ha cautivado a cientos, a miles de lectores, su delicadeza